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La primera pantalla usa las fotografías como telón de escena, con el nombre de la autora sobre las imágenes y una navegación mínima.
Un portfolio fotográfico planteado como experiencia de galería, no como catálogo. El foco está en las fotos grandes, el ritmo pausado, las secciones curadas y un contacto que lleva al cliente hacia una sesión de retrato.

Un portfolio fotográfico tiene que mostrar rápido a la autora, pero sin gastar las fotos demasiado pronto. En lugar de la clásica cuadrícula de miniaturas, la página abre el trabajo con encuadres verticales, grandes transiciones y secciones que se leen como pequeños actos fotográficos.
Cuidamos especialmente que la interfaz no se impusiera al trabajo. La tipografía, el menú, el contacto y el lightbox quedan en segundo plano, mientras las fotos marcan la primera impresión y el ritmo de la visita.




Lo más difícil de un portfolio no es mostrar las fotos, sino saber cuándo parar. La interfaz se reduce a unos pocos gestos: nombre, menú, contador y contacto. No hay elementos decorativos que compitan con la imagen.
La tipografía es serena y grande solo en la medida justa, el espacio vacío marca el ritmo y el color viene exclusivamente de las fotografías. El objetivo es que el visitante recuerde el trabajo, no la web, y que aun así sepa cómo reservar una sesión cuando llegue al final.

La primera pantalla usa las fotografías como telón de escena, con el nombre de la autora sobre las imágenes y una navegación mínima.
Los trabajos se agrupan en conjuntos narrativos claros, en lugar de reducirlo todo a una cuadrícula interminable.
Las fotos se pueden ver completamente enfocadas, con ubicación, año y título sin ruido visual adicional.
La sección de contacto es directa y útil comercialmente, pero mantiene el tono del portfolio y no convierte la página en una landing de ventas.
La interfaz se reduce a gestos: nombre, menú, contadores y contacto. Todo lo demás está al servicio de la fotografía.
Las transiciones dan la sensación de pasar las páginas de una serie, pero son lo bastante lentas para que las fotos tengan peso.
El portfolio termina con una invitación clara a retratos y colaboraciones, sin romper el tono artístico de la página.
Anatomía de la web
El portfolio se reduce a unos pocos componentes precisos: cada uno sirve a la fotografía y ninguno compite con ella.
Fotografías como telón de escena, con el nombre de la autora sobre las imágenes.
Trabajos agrupados en actos narrativos en lugar de una cuadrícula infinita.
Vista a pantalla completa con título, ubicación y año.
Layout construido en torno a la orientación vertical y las grandes transiciones.
Transiciones lentas y silenciosas que dan peso a cada foto.
De una sola columna en el móvil a una disposición de galería en pantalla.
Las fotos se cargan a medida que hacen falta, para que el móvil vaya rápido.
Compresión y formatos modernos sin perder impacto visual.
Contacto directo para retratos y colaboraciones sin romper el tono artístico.
Títulos, descripciones y tarjetas de vista previa para compartir los trabajos.
Índice discreto por secciones, con espíritu de editorial impresa.
Tipografía serena y grande que deja que el encuadre marque el ritmo.